lunes, 14 de mayo de 2007

Éxaphon

Éxaphon



Noche a noche esperando lo que alguna vez atreví a gozar en los sueños, fueron deslizándose los días y las tardes; sólo existían unas horas al día para mí. Las tardes y el día habíanse sumergido decididamente cual un enigma en ciertas (no todas) tinieblas, creando una magnífica e inapelable ambigüedad de cierto tinte abstracto. Yo, retomaba aquella grandiosa danza por la que mis extremos dotaban el aire de una auténtica orgía de gamas y oscilaciones. Ahora debo hacer de la invención mi casa, o nulamente intentar hallar en los enmarañados fragmentos que reposan o flotan delante de mí cual el humo de mi cigarro, cierta porción o fracción o trozo, o todo ello al exhalar; lo diáfano expolió todo aquel momento ahora redactado, en el preciso instante de entregar mis ojos al día. Entonces, invención y hallazgo copulan para converger en los dedos que transcriben esta crónica.

La habitación era pequeña. Ella se encontraba sentada. Yo ingresé como todos los jueves. Examiné el lugar. Ella permaneció allí. Yo finalmente me instalé en una silla. En la habitación no sólo se enarbolaba la erudición; de Ella emergía, se agitaba; yo aguardaba diligente. Todo comenzó así; letras, luego palabras, espacio breve otorgado y oraciones que luego detonaron en párrafos, y éstos en vastos escritos. El jueves se desvanecía; la noche me ataba una soga al cuello. Al despedirme, rodeé el lugar con mi memoria. Y un Éxaphon Ella me obsequió. Partí.

Llegué; lo coloqué sobre la repisa, junto a innumerables volúmenes; cuando me dirigía de una parte a otra de la casa, podía sentir sus suaves ataques, aún estando inerte. Era pequeño, dócil, de una belleza gris; ésta personalizaba todas las manos y todas las repisas por las que alguna vez transitó y permaneció. Ahora, estaba junto a mí, y de mí dependía; ya el tiempo avanzaba –como siempre suele hacerlo–, sólo que ahora, un día lo sentía como de doce horas.

Noche a noche me demoré en escribir esto. Las tardes y el día no guardaban alternativa alguna. Yo, debía concentrarme; me sentía un elegido, por Ella, el Éxaphon, y por cada letra, palabra, párrafo, y escrito. Debo confesar que todo lo habitable y existente fuera de esto, pudo hacerme desistir; cuando me sentía débil, solía acariciarlo y aunque su textura era tosca, me gustaba.

Aquel día llegó. Y así como en sueños pude ver gamas y oscilaciones, finalmente, cuando el cuento se escribió, debí volver aquel pactado día. Y la habitación era la misma. Ella estaba esperándome. Cuando me vio, divisé cual una película la entrada a otro lugar que Ella misma había hecho hacía ya algunos años, y ahora repetía yo. Comprendí que todo es una incesante repetición, danzando en círculo, y que años más tarde sería yo quien ofrecería un nuevo (e idéntico) Éxaphon.

Epílogo:
Sin poder creer lo sucedido en su momento, el Éxaphon había de ser devuelto tal como Ella lo entregó; sólo que, al ostentar hacerlo, el felino tallado en madera se hallaba cual un gran Tigre en medio de aquella misma pequeña habitación; se dio entonces así el nacimiento a mi escritura. La sabiduría del ahora vivo animal ingresó en mis venas, para trasladarse en un futuro a mis extremos que ya no osarían danzar para jugar y vestir el aire con el humo de algún cigarro, sino para narrar. Pero yo, hoy y ahora, confieso haber sido (felizmente) engañado. El conocimiento es como (o contrariamente como) el himen. Ella envenenó mi inocencia y me otorgó el Tigre que devuelto una vez vivo, no fue del todo devuelto pues, al regresar a mi casa, continuaba viéndome, atacándome aún, más suavemente.
Ciertamente, ¿qué sucedió?; no lo sé. ¿En qué parte del relato está (o convergió –o murió– entre invención y hallazgo) el sueño enmarañado? ¿Cuál es la crónica; cuál la noche y el día? Sólo sé que virgen, jamás habría podido escribir esta historia.

Por Federico Maggiore,
de la antología de cuentos ‘Éxaphon’.

sábado, 12 de mayo de 2007

Serena Interioridad: Las mujeres en la luz de Vermeer

Cuatro obras de Johannes Vermeer Van Delft (1632-1675) se encuentran en el Rijksmuseum de Amsterdam, Holanda. De keukenmeid (La lechera), Het straatje (El callejón), Brieflezende vrouw (Mujer leyendo una carta) y De liefdesbrief (La carta de amor) se exhiben junto a las obras de Rembrandt Van Rijn, Frans Hals, Jan Steens. La sala rectangular reune piezas maestras del siglo XVII, la edad de oro de la pintura holandesa. Los pequeños cuadros de Vermeer ocupan la pared opuesta a la que cubre la pintura de Rembrandt, Los síndicos del gremio de los pañeros de Amsterdam (1,915 x 2,79m).
Las obras presentan cuatro escenas de la vida cotidiana cuyas protagonistas son mujeres que bordan, limpian, preparan un desayuno, leen una carta o tocan un instrumento. El trabajo con la perspectiva, con las luces y las sombras mediante el empleo de una acotada paleta de colores, el azul y el amarillo junto al gris, el blanco y el negro, construyen una atmósfera especial que, según señalan los críticos de arte, convierten a Vermeer en un pintor sin igual. Si bien el pintor trabaja con los tópicos y los materiales de la pintura holandesa de su siglo: el costumbrismo cuya atención se centra en la vida cotidiana de campesinos y burgueses y en escenas de costumbres con presencia femenina y que tiene entre sus representantes a Gerard ter Borch, Nicolaes Maes, Gäbriel Metsu y Pieter de Hooch, entre otros, Vermeer presenta mujeres en distintas situaciones, si aparecen hombres, estos acompañan a las damas o, tal vez, motivan sus actitudes.
Los poetas del siglo XIII llamaban estancia -morada capaz y receptáculo- al núcleo esencial de su poesía porque este custodiaba el joi d’amor, único objeto de su poesía (Agamben, 1995), la estancia de Vermeer es dominada por lo femenino, el receptáculo es el espacio iluminado junto a la ventana cuyo marco recorta un ámbito privado, íntimo, individual, silencioso, un momento de eterna serenidad y dignidad, de concentración en la tarea realizada. Un momento intemporal, absolutamente humano y estrechamente relacionado con la propia vida, sin idealizaciones, símbolos o alegorías, una bella escena doméstica y femenina lograda mediante un minucioso, microscópico trabajo con la luz y el color. El azul es intenso, suave o plata, el amarillo, oro o polvo, según el torrente de luz encienda o acaricie las distintas superficies, la pared blanca resalta la gruesa figura de la lechera, acoge en suave penumbra a la dama que lee la carta, higieniza la humilde casa del callejón o contiene a la mujer que recibe una carta. La luz hace visible o invisible los elementos constitutivos del cuadro, la luz detiene la mirada del espectador en cada corpúsculo de óleo. No están presentes aquí los adustos retratos de autoridades eclesiásticas, políticas o triunfantes mercaderes, tampoco las estériles mujeres vestidas de negro y cuellos blancos o las que acompañan a los hombres en las fiestas, los objetos son pocos, la escena despoblada. Vermeer se desembaraza así de motivos religiosos y también de los masculinos y encuentra, a través de un mundo femenino, el tópico mediante el cual discutir, dentro de la obra, con las condiciones de producción pictórica de su época. Es innegable que la mirada masculina de Vermeer estetiza y moldea ese mundo femenino, en la tensión entre lo público y lo privado, lo reduce a esto último, lo encierra, lo domestica, aún más, lo moraliza: señala el lugar en el que la mujer debe y no debe estar, todo esto a cambio de otorgarle, sin embargo, el privilegio de ser junto con la luz, los eternos soberanos de su obra.
Por Silvana López

viernes, 11 de mayo de 2007

Discriminación de género

Duro informe sobre la discriminación de la mujer en el mercado laboral argentino

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que no sólo se las margina por una cuestión de género, sino también por su condición económica y la dedicación a los hijos. El fenómeno es mayor en las provincias del norte del país.
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Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que en la Argentina hay una persistente discriminación de la mujer en el mundo del trabajo. Pero aclara que no sólo lo padecen por una cuestión de género, sino también por la condición social y la dedicación a los hijos.

"Entre 2003 y 2006, el PIB creció en Argentina y tuvo un impacto positivo a nivel de empleo, pero esta suba no se tradujo en una mejora de las brechas de equidad de género en el mercado laboral", sostiene la OIT en el apartado dedicado a la Argentina.

Explica que aún se observa una "persistencia de mecanismos de discriminación en el mundo del trabajo" cuyo rasgo más notorio "es el estancamiento de la tasa de actividad femenina". Y advierte que "en el mercado laboral argentino estaría operando una doble discriminación: por género y por condición económica de las personas".

En ese sentido, los expertos detallaron que "la tasa de actividad de las mujeres de menores ingresos es sustantivamente menor que la de mayores ingresos y la brecha de género resulta más amplia, cuanto menor es el ingreso".

Pero no termina ahí. El informe sostiene que esas desigualdades también se expresan territorialmente, dado que mientras la tasa de actividad de las mujeres en el Gran Buenos Aires es de 52%, en las regiones del noreste y noroeste argentino el promedio baja a 45%.

Por otra parte, el estudio demuestra que la presencia de niños en el hogar representa "uno de los condicionantes a la inserción laboral femenina, lo que se agrava cuanto menor es el nivel de ingreso". "La inactividad femenina es mayor entre las mujeres pobres y se incrementa más con la cantidad de hijos", remarca.

Sigue aquí:

miércoles, 9 de mayo de 2007

Escribir es como Respirar (O la enfermedad de escribir)

Henry & June – Henry y June (1990)

Dirección: Philip Kaufman.
Guión: Philip Kaufman y Rose Kaufman.
Basada en ‘Henry & June’ (recopilación de los diarios) de Anaïs Nin.
Intérpretes: Fred Ward, Uma Thurman, Maria de Medeiros, Richard E. Grant, Kevin Spacey.

Partiendo de la premisa de hablar —a decir verdad, escribir—, sobre grandes obras de la literatura llevadas al cine, debo decir que las películas que uno ve nunca son como los libros que uno lee.

Henry y June —el primer film que Philip Kaufman realizó luego de La insoportable levedad del ser, 1988—. Trasladar o, adaptar literatura —con claras y efectivas intenciones—, supone siempre un primer interrogante: ¿será fiel al original; se deberá dramatizar más a causa de mantener una estructura fílmica confiable? Estas preguntas siempre me persiguen cuando estoy en presencia de un film adaptado, basado o ante una simple versión libre del texto.

En este caso, y volviendo al primer párrafo, debo decir que Henry y June es una honesta película, leal a los textos escritos por Anaïs: en reiteradas oportunidades, uno advierte que los diálogos son exactamente igual a los que hallamos en el libro, pero...: ¿por qué, si bien uno percibe esa fidelidad, también acaba con la agridulce impresión —y sensación— de carencia, de no haber alcanzado lo que esperábamos, de no haber sido una película completamente justa? Yo encuentro una respuesta. Y tal vez, también, deba decir que esta ambigua sensación se produzca solamente en aquellos que han leído y releído a Anaïs, en aquellos incansables lectores de sus Diarios, aquellos que saben que la intimidad lograda por Nin con su pluma es tarea ardua y nunca lograda cuando se intenta convertir esa furia femenina, esa primera clandestinidad en penumbras ejercida por esa (como Anaïs misma llamó) enfermedad de escribir, en veinticuatro cuadros por segundos.

La literatura tiene una fuerza que el cine no puede abarcar; porque la palabra posee un dominio que la imagen no alcanza. Y más aún aquí, donde la historia se basa en los Diarios de Anaïs. Cuando uno lee, las palabras que pronuncia en silencio nos permiten ir creando escenas únicas, escenas que nadie podrá concebir y proyectar como nosotros. Con cada vocablo vestimos a los personajes, otorgamos luces, sombras y hasta decoramos: realizamos nuestra película sin salir de la habitación que nos contiene.

Sin embargo, dejando a un lado los que creemos aciertos o no aciertos, basándonos en nuestra película creada a través de la lectura, Henry y June es un film exquisito, rebosante de un erotismo mágico; pero solo erotismo: a no confundir. Por ello, tal vez algún espectador desprevenido y poco versado sobre Nin y Miller, y desconocedor del París de los años ‘20 y ‘30, encuentre ciertas escenas que crea falsas, ilógicas o absurdas. Entonces, vale disipar dudas y mencionar que París por aquellos años era —en palabras de Alfred Perlès, escritor y amigo de Miller—, una rutilante Atenas: el centro indiscutible del mundo, donde el surrealismo ganaba cada vez más terreno y los extranjeros llegaban extasiados porque la Ciudad de la Luz ofrecía lo que ninguna otra ciudad del mundo podía ofrecer: libertad, y vivir con poco dinero pues todavía era un sitio barato.

Con un breve relato en off que abre y cierra la historia, Henry y June relata la vida de Anaïs Nin a través de las experiencias vividas luego de conocer a Henry Miller y a su mujer, June Mansfield. Nin confesaría en su Diario que se enamoró de Miller al instante: “He aquí un hombre al que yo podría amar”. Pero la belleza de June le hizo escribir: “Vi a la mujer más hermosa de la tierra: la única mujer que ha respondido a las exigencias de mi imaginación”.

El film tiene algunos guiños muy deleitables: Una foto de la propia Anaïs, la aparición como posible editor del libro de Henry del hijo de Luis Buñuel, Juan Luis Buñuel, (y un fragmento de ‘Un Perro Andaluz’); una acuarela de Miller con el rostro de Anaïs, la famosa foto ‘Môme Bijou’ de Brassai (amigo de Miller por aquellos años), y la imperceptible aparición de Gary Oldman como ‘Papa’.

Si bien la historia a adaptar era compleja —por sus muchas posibilidades de estructura—, aún sí, la narración no pierde en la totalidad del film (más de 120 minutos), la veracidad y las formas de la ciudad de la que Hemingway había dicho “era una fiesta”.

Tal vez uno de los mejores aciertos sea la imperiosa y magnífica interpretación que hace de Nin la actriz portuguesa María de Medeiros, bella por donde se la mire. Sus ojos narran: emiten fuego, furia, desconcierto, y también inocencia, vergüenza, ganas; pasión y amor, deseo y odio. Uma Thurman quien contaba en el momento de rodar la película con tan sólo 19 años, deleita con su soberbia personalidad, la misma personalidad absorbente, perversa y mentirosa de la verdadera June según los libros de Miller y los Diarios de Nin.

Seguramente, la caracterización que me provoca una mueca de inverosimilitud es la de Henry Miller. Porque un lector versado conoce —o cree conocer, tal vez con cierto grado de ingenuidad e inocencia—, a sus autores predilectos. Y hay algo en Fred Ward que siento muy orquestado, ‘actuado’ más que interpretado, por momentos una caricatura, a veces extrema. Aún así, gusta y llega; alcanza.

Perlès dijo en su libro ‘Mi amigo Henry Miller’, que Anaïs y Henry fueron amigos tan íntimos como Cástor y Pólux. Y eso se comprende también en el film. Aún así, la sensación final es de vacío, por momentos de insatisfacción, la misma insatisfacción de los amantes, amándose, escribiendo, ocultándose. Hay hechos, circunstancias, palabras, miradas, días completos y más, que al estar ausentes en el film, pueden producir falsedad; Nin en su libro nos deja ver que todo no fue tan rápido y casual, que ha habido un crecimiento gradual y espacioso en ellos hasta llegar a amarse; estos tiempos en la película son acortados por una necesidad obvia. Sin embargo, podemos vibrar con cada suspiro de María de Medeiros, mientras baila sola, ante la mirada de un Fred Ward atento y deseoso. Ella danza, se mueve, la música sabe estar presente, porque Kaufman supo escoger muy bien la banda sonora (la melancólica voz de Lucienne Boyer cantando ‘Parlez-moi d'amour’), del mismo modo que supo cómo vestir la postura de Anaïs y los ojos de Miller, y deja que ellos fluyan y avancen casi hasta desaparecer. La cámara juega con Nin, se aventura en un relato que desborda pasión. El mejor ejemplo es cuando Anaïs y Henry se conocen; luego que Hugo —esposo de Nin—, los presenta, caminan hasta la puerta de entrada de la casa y, en una magistral toma de decisión por parte de Kaufman, Osborn (abogado de Nin y amigo de Miller), Miller y Hugo, ingresan, y la última en hacerlo es la mismísima Anaïs: es ella quien permite el paso de los tres hombres (como si todos ellos fueran suyos y sea ella quien comanda la acción) y, antes de cerrar las puertas, hecha una tibia mirada hacia fuera para después ingresar.

La historia crece porque los personajes se mueven; y si bien Kaufman en algunas oportunidades abusa de la técnica del montaje (fundidos en negro), esto no quita intensidad a la película.

La fotografía es maravillosa. La creación del submundo parisino es exacta; ese mundo de bohemia, el mismo mundo que alberga personajes que presienten la guerra; las calles, el desenfreno, los encuentros por y para el sexo, París exhalando algo nuevo, cabaret aquí, allá, mujeres y hombres, deseos, odios, orgías, humo, comidas, prostitución..., todo lo que la Ciudad de la Luz albergó hasta antes que los ejércitos de Hitler invadieran y conquistasen París.

La diferencia más importante entre libro y film, reside en que Henry & June, que es simplemente el nombre que se le dio a la recopilación de fragmentos de los diarios escritos por Anaïs que iban desde Octubre de 1931 —año en que conoce a Henry— hasta Octubre del año siguiente, (tal vez por una cuestión de comercialidad se ha dado en llamarse así), decía, entonces, que esta recopilación acaba cuando June finalmente llega a París. En cambio, el film decide cerrar el círculo de un modo más concreto, volviendo a situar a sus protagonistas en primer plano, dejándolos acercarse aún más en ese triángulo de amantes que convergió (como Anaïs supo predecir), en la pérdida del encuentro entre ella y Henry. Nin sabía que finalmente acabarían perdiéndose, y así lo hacen, aunque hayan continuado siendo amigos con los años, y hayan permanecido colaborando con sus literaturas, hasta la muerte de Anaïs, en 1977, la primera en irse; luego, en 1979 partiría June y al año siguiente lo haría Henry; —como si realmente ninguno de ellos pudiese vivir sin el otro, y confirmando la innegable pasión que se profesaron, nadie puede decir que la sucesión de decesos es casual—.

Nin dijo en su Diario que “los escritores le hacen el amor a lo que sea..., y que éste (el amor), es un conflicto”: nosotros podemos entrever que hasta el Conde Bruggar (una marioneta que maneja June idéntica a Henry), lo sabe. “Amar a un solo hombre o a una sola mujer es encerrarse. Me siento atrapada entre la belleza de June y el genio de Henry”. El matrimonio Kaufman (co-escribieron el guión) supo qué palabras colocar en boca de la Anaïs de María de Medeiros. Muchos vocablos quedaron fuera, pero tal vez las mejores sensaciones de aquella mujer que fue Anaïs Nin hayan sido captadas y mostradas, incluso a través de ese final, que cierra el círculo empezado, la voz en off, su rostro, sus ojos españoles, franceses y americanos, porque Anaïs era eso, mixtura, todavía lo es, varios idiomas, varios amores, siempre varias direcciones. Los dejo con esto, tal vez, la esencia misma de su vida: “Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo”.

Federico Maggiore,
para FOTOGRAMA24, la revista online del CIC.

Último día de la víctima

Ficha técnica (con algunos comentarios)

Título: La noche del Sr. Lazarescu (en realidad: “La muerte del Sr. Lazarescu)
Título Original: Moartea domnului Lazarescu
Género: Comedia (esto no es una comedia, hasta los nombres emulan a la Tragedia)
Direccion: Cristi Puiu
Guión Cristi Puiu, Razvan Radulescu
Elenco: Ion Fuscuteanu, Luminita Gheorghiu, Gabriel Spahiu, Doru Ana, Dana Dogaru

Sinopsis: Una noche el señor Lazarescu empieza a sentirse mal. Llega la ambulancia y comienza la odisea: un interminable viaje por diversos hospitales, cada uno de los cuales le da un diagnóstico diferente. Mientras tanto, su salud empeora cada vez más.

Dante Remus Lazarescu es víctima de la humillación implícita del capitalismo (en este caso rumano) pero que bien podría ser transferible a cualquier país. El film plantea la última noche de vida del Sr. Lazarescu y, a juzgar por su plano final, siento inconcebible la decisión de desvirtuar el nombre de tamaña manera: teniendo en cuenta, entonces, la imagen final del film, es ridículo por parte del sistema de distribución local cambiar un título que le da sentido a la obra. “La MUERTE del Sr. Lazarescu” no es lo mismo que “La NOCHE del Sr. Lazarescu”. El rumano Cristi Puiu, a concebido una verdadera obra cinematográfica, de una sutileza y perfección notable, una obra que no puede siquiera resignar su título original que forma parte de la articulación gestada por el director para redimir a un protagonista que, en contrapartida a la humillación recibida en la trama, culmina el film dignificado. El último suspiro de Dante Remus Lazarescu es la tan esperada dignidad que mereció y no obtuvo durante la mayor parte del film. Ni una queja, ni un ruido, ni siquiera un suspiro exacerbado… una dulce y misteriosa paz en el cuerpo y en el alma de un ser humano cuyo Ser, justamente, pasará a esa instancia que tantas veces retrató el cine pero que nunca pudo ni podrá percibir más allá de lo estrictamente material: LA MUERTE.

Y si el film evade ese instante (pareciera ser el corte a negro, donde en poco comenzarán a rodar los créditos finales, el momento preciso del fin… del fin de un hombre y de su historia) es porque importa poco ya lo que suceda, y dejar al Sr. Lazarescu sólo con su propia muerte, con esa situación o sitio único e intransferible, es también una forma de dignidad humana. Lo que no es en efecto para nada dignificante es la soledad de Dante. Por momentos, al inicio del film, uno siente cierto alivio con su malestar (que hasta el momento parece sólo un dolor pasajero producto de un par de copas de más), porque al menos le deparará un par de compañías, al menos la mínima comunicación con el mundo exterior que hasta ese momento está vedado al espectador, ya que todo transcurre dentro de las paredes de su mohoso departamento, acompañado de sus gatos. Pero al poco de su primer contacto con el exterior uno se empieza a sentir incómodo, y aquello que al principio pareció cómico empieza a transformarse cada vez más. No faltará nadie que le haga notar que ha bebido de más y que debería dejar hacerlo. –“Yo pago lo que bebo” había dicho Lazarescu minutos atrás en una comunicación telefónica con su hermana que vive lejos. Y hay allí también una dignidad que poco a poco es castigada por el entorno, que se contenta y se despliega con mayor facilidad dentro del sistema social. Si Lazarescu no es un héroe es porque el thanatos no se nos presenta en forma material al final de la odisea, pero no por ser borracho; y el hecho de que justamente Lazarescu sea un marginal y que su soledad y su supuesto alcoholismo lo haya llevado a ser menospreciado por el sistema de sanidad estatal, es ni más ni menos, lo que lo transforma en un héroe para el espectador.

Cristi Puiu articula la trama a partir de un registro de cámara en mano cuya pulsión se apacigua cada vez más a medida que avanza el relato. Y esto se hace evidente si se tienen en cuenta uno de los primeros planos del film (el que lo tiene al Sr. Lazarescu sentado en su cama junto a sus gatos) y el ultimo plano (acostado en la camilla, esperando la muerte); ambos en plano general. La pulsión interna de la cámara en mano es mucho más evidente al comienzo, lo que causa cierta tensión que, honestamente, en un principio me resultó sospechosa, pero no tardará el director en demostrar que sabe utilizar el recurso sin abusar de él, apoyándose en un montaje certero y austero. Las escenas son filmadas en pocos planos y es evidente la decisión de utilizar el plano secuencia como elemento narrativo, en perfecta simbiosis con planos fijos (no del todo, claro está, estamos hablando de cámara en mano) en donde se desarrollan con precisión quirúrgica los desplazamiento de los personajes dentro del mismo. Y si hay algo que aleja al film de los principios estéticos del dogma, es justamente el resultado final. La utilización de la luz, del encuadre, el diseño de arte y vestuario suponen ciertos principios cinematográficos que no tienen nada que ver con el dogma. No es cuestión de pensar que todo film hecho en mano es dogma…

Realmente aquí también lo que importa y prevalece son las interpretaciones, pero esto se debe a que el realizador reunió a un excelente elenco con el que supo trabajar, sin descuidar por esto el concepto estético del film que, si bien es austero, nunca se acerca siquiera a la desprolijidad.

El tratamiento sonoro es tan notable que pasa perfectamente desapercibido, hay en su diseño y naturaleza un sentido de realismo sorprendente. La música (que funciona evidentemente por contraste) sólo aparece en los créditos iniciales y finales. El resto será diégesis pura, con una sutileza que denota la bondad de su proceso creativo.

Y todo esto no es menor, ni mero tecnicismo si se tiene en cuenta lo que se propone contar. Cristi Puiu con “La Muerte del Sr. Lazarescu” demuestra que los dos universos más importantes del cine comienzan con “p”: Política y Poética, pero ambos desde un sentido mucho más primitivo del que podrían denotar en la intoxicación del Siglo XXI. Hay mucho por decir y muchas formas de decirlo… y la sensibilidad artística puede lograr de esa ardua tarea, una obra maestra.

El Sr. Lazarescu nos sube en su ambulancia y nos pasea por cuatro hospitales que (a causa de un accidente masivo en la autopista) se encuentran atestados y no tienen tiempo para un viejo solitario y borrachón que poca utilidad puede tener dentro del sistema social. Sus fuerzas se irán reduciendo poco a poco, su sentido del humor y su buen ánimo se transformará poco a poco en queja y reclamo y, más tarde, en resignación. La misma resignación de la enfermera que lo acompaña en la odisea, junto a nosotros, porque Puiu le devuelve la dignidad también en esto, resumiendo de algún modo lo dicho sobre forma y contenido, los planos secuencia en ambulancia y hospitales, nos ponen en la inevitable situación de acompañamiento, el punto de vista elegido será evidente… político y poético. Como cura de la soledad de un viejo que defiende su dignidad incluso negándose a ser intervenido quirúrgicamente, como prefiriendo que, ese novato que sólo ha aprendido a hacer notar que su rango es superior al de una enfermera y que se hace llama doctor, no lo toque por más que eso le depare la muerte. –“Extirparle el tumor para que no muera esta noche, y pueda vivir un poco más hasta morir de cáncer”, había sido el consejo del doctor del hospital anterior. Lo que en principio parecía una simple jaqueca producto de la resaca y un ataque de hígado producto de una borrachera, terminarán siendo un tumor cerebral y cáncer terminales, diagnosticados ambos menos por pericia médica que por la noble constancia de la enfermera de turno que lo acompañará incondicionalmente en la ambulancia. Llegará finalmente a manos de una doctora que prefiera demostrar su oficio simplemente haciendo bien su trabajo, pero será demasiado tarde… y me pregunto quién cuidará de sus gatos.

En medio del delirio, cuando el tumor comienza a ganar cada vez más partes del cerebro, ya no hay tiempo que esperar, la situación era evitable si se tienen en cuenta las casi ocho horas desde que la ambulancia llegó a su departamento hasta que, al fin y al cabo, resuelvan operarlo. Pero lo realmente interesante, duro y conmovedor del relato radica en la articulación del director del film, subrayando un guión implacable desde las grandes interpretaciones dramáticas y la armonía de una puesta en escena sutil dentro de una estética austera. Con esto Puiu escribe sobre su film pero con tanta sutileza y rigor a su vez, que las connotaciones se abren en varias direcciones y no logran otra cosa que la entrega total hacia el film y la reflexión una vez terminado. Los médicos en el film (en un 90 por ciento) son absolutamente detestables, pero lo inteligente, es que no dejan de ser víctimas más allá de eso. Tan víctimas como Dante, el sistema los ha corrompido y anestesiado, en medio de la desidia imperante en su accionar, múltiples camillas de accidentados desfilan por pasillos y quirófanos que no están preparados para satisfacer la demanda. Estado y Sociedad, en “La Muerte del Sr. Lazarescu” son cuestionados a partir del Individuo, del “personaje”. Con la fuerza que desde hace más de 110 años el cine se muestra capaz de generar… y siempre es bienvenido que un director tome cuenta de ello.

Román Cárdenas,
para FOTOGRAMA24, la revista online del CIC.

martes, 8 de mayo de 2007

JUÁREZ: "La ciudad donde las mujeres son desechables"

Proyección del documental:
JUÁREZ: "la ciudad donde las mujeres son desechables".

Lugar: Facultad de Ciencias Sociales Salón G2. Martínez Trueba y Constituyente. Montevideo.
Tipo de evento: Proyeccion
Categoría: Documental
Fecha: 11/05/2007
Horario: 21 hrs.

En la Facultad de Ciencias Sociales (Martínez Trueba y Constituyente), organizado por Conbronca TV y la Comisión de DDHH del CECSO, y apoyado por "Nuestras hijas de regreso a casa" y dentro del Cliclo "Viva México, cabrones!!" se proyectará el documental "JUÁREZ: la ciudad donde las mujeres son desechables". Posteriormente, y con la participación de un compañero mexicano y miembros de Amnistía Internacional se desarrollará un debate. Animamos especialmente a todas las personas que trabajan por los derechos de la mujer y a las interesadas en la situación mexicana a asistir al acto.

Links:

lunes, 7 de mayo de 2007

La marea del recuerdo

Tres de corazones (2007)

Dirección: Sergio Renán.
Guión: Sergio Renán, Carlos Gamerro y Rubén Mira.
Basado en el cuento “El taximetrista”, de Juan José Saer.
Elenco: Nicolás Cabré, Mónica Ayos, Luis Luque, China Zorrilla, otros.


“La marea del recuerdo”

“Habríamos tenido una suerte muy grande si no hubiéramos nacido, ni yo ni ella; pero existimos”, escribe Saer, y coloca esta frase en el personaje de su cuento. Esto me hizo sentir que “Tres de corazones” (¿Tres de corazones?), es un film independiente del relato y universo Saeriano; vaga es su estructura, su narración y su montaje. Nada hay de Saer y poco de “El Taximetrista”.
Supongo no estaré a la vanguardia de nada ni de nadie si escribo aquí que siento (casi con todo el cuerpo), que Renán resiste en habitar en los setenta; y además, decidió situar este relato en San Luis; claramente por un tema de producción. Yo me pregunto: ¿alguien puede imaginar que esos personajes convivan en otro lugar lejos del Paraná? Para los lectores de Saer que no resistimos esta mudanza impuesta por un mero hecho financiero, el film será una martirio que no tendrá piedad porque nadie al salir de la sala nos devolverá el dinero.
Harto de leer que es una película con pequeños personajes de una ciudad de provincia..., deberíamos aclarar que esa definición es irreverente y minimiza el universo Saeriano de un modo tan adverso, que a su vez, el uso del vocablo provincia magnifica ese mismo universo, puesto que sus personajes albergan siempre un lugar demarcado, concreto y específico; contener ese espacio, encarcelarlo y reducirlo a provincia, más aún, desplazarlo de su eje original, convierte el film en una ‘versión libre’ de “El Taximetrista”, por lo tanto, no deberíamos leer en los créditos el título basado en. Así, se derrumba todo relato inicial y caemos (o recaemos) en San Luis. Y Santa Fe y San Luis son tan opuestos para este relato (sin culpar a Córdoba que los separa), como puede serlo a veces el lenguaje literario y cinematográfico. Pero no por oposición la narración fílmica pierde veracidad, sino por trascripción. Con diálogos por momentos idénticamente transcriptos del cuento, me pregunto para qué se necesitan seis manos en un guión que no puede crear los propios.
Saer es complejo, y es tan complejo como grande, irónica palabra si pensamos en ese territorio tan detalladamente señalizado que ha sabido narrar y volver a narrar tantas veces.

“El Taximetrista” es un relato a veces irrespirable, sus personajes por no saber cómo o si se puede vivir, permanecen suspendidos en intentos; ellos saben que ardua y reiterativa tarea es vivir y continuar con vida. “No soy nada, nadie es nada, todo es inevitable y merecido”, dice su personaje principal, de nombre Ángel en el film, que pierde todo relato intimista, y confecciona cambios radicales en los personajes y sus historias personales. El que no fuma, en Tres de corazones (¿Tres de corazones?), sí lo hace. Quien tenía su madre muerta y su hermano con vida pero lejos, tiene su madre viva y su hermano muerto. Y, por supuesto, se pierde –o sus guionistas decidieron renunciar–, a toda atmósfera Saeriana.
Los personajes de Saer parecen siempre estar volviendo a un lugar que ya no existe. En cambio, los personajes de la película, con actores (no intérpretes), parecen deambular sin rumbo más que el ya establecido, arbitrariamente, por un guión descuidado y una cámara arcaica, teniendo detrás un director que insiste en filmar como en Tacos Altos. Por ello, no me detendré a desmenuzar el trabajo de los actores; además, aquí hablamos (escribimos), desde otro enfoque, y lo hacemos con la premisa de glosar la literatura y –o en–, el cine.

Por momentos se vuelve una película obscena y, ciertamente, decidí permanecer en la sala para saber cómo Renán resolvía el final, y al verlo, comprendí que era lo mejor, pues, pude leer en pequeñas letras blancas: para Juan José Saer.

“La marea del recuerdo lo inundó todo”, escribe Saer. Y este es el núcleo del relato, pues su cuento transcurre entre recuerdos, y el film, vago, desordenado, inverosímil, se aleja de esa marea y recae a una estructura lineal, drásticamente trastocada, orquestada y, además, relegando la mayor riqueza de la narración: el pensamiento atado a los recuerdos, a la más mínima palabra, el imperceptible gesto, la intimidad, el detalle.
Siento que es una película filmada en un gran plano general, un relato que no acabó por decidirse, justamente por esa primera ruptura de eje, ese desplazamiento de territorio ejercido para sí o sí filmar, no importa cómo, pero cargar la cámara al hombro y filmar.
Sobre el final del cuento, Saer nos regala su lluvia; porque es un relato amargo, doloroso, e inevitable. Y uno no puede olvidar que lo que está viendo no tiene pizca de similitud con el relato original. Rogué y rogué ya cerca de su desenlace, que al menos no me quitaran la lluvia, y, dolorosamente, comprobé que la lluvia, tampoco estaba.
Y por supuesto que queda obscenamente claro que por un tema de producción el film debió ser rodado en San Luis; deseo, entonces, jamás se realice una co-producción con un relato de Saer, pues mi corazón no podría resistir el dolor de tener que oír, por ejemplo, a Tomatis con acento español; sería un golpe demasiado sucio e inmoral para los amantes de Saer y su poética. Por todo ello, para quienes quieran gozarlo, no es tarea difícil, sólo hay que saber eludir ciertas irregularidades que tiene el cine argentino, y acercarse directamente y sin miedo, a él, al hombre que hacía temblar, doler y llorar, desde ese lugar llamado el extranjero.

Federico Maggiore,
para FOTOGRAMA24, la revista online del CIC.

sábado, 5 de mayo de 2007

Domingos filosóficos
Coordina: Ana Jusid
DOMINGO 6 de mayo 19:00HS
Invitado: Hugo Mujica
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA


LA CONVERSACIÓN (Ciclo DE REPORTAJES)
Coordina: Luisa Valmaggia
MARTES 8 DE mayo 19:30HS
Invitado: Teresa Parodi
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA


CINE
Una modesta proposición
Jueves 10 DE MAYO 19:30HS
Dir: Miguel Mato
2001
Debate. Coordina: Cristina Zuker

En mayo de 2001, más de 400 niños integrantes del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo marcharon desde La Quiaca hasta Buenos Aires para exigir que se cumplan los Derechos del Niño. Éste documental registra los hechos.
Duración: 72 min
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
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MÚSICA

JULIAN CAEIRO
Tango
VIERNES 11 DE MAYO 21HS
ENTRADA GENERAL $10

ROCÍO PALAZZO
Folklore
SÁBADO 12 DE MAYO 21HS
ENTRADA GENERAL $15

Centro Cultural Caras y Caretas
Venezuela 330
Reservas telefónicamente al 5354-6618
Martes a viernes de 14 a 19hs o vía mail:
centrocultural@carasycaretas.org.ar
www.carasycaretas.org

SE AGRADECE SU DIFUSIÓN

jueves, 3 de mayo de 2007

EL NIÑO ARGENTINO

El Niño Argentino
Teatro Regina - Sta. Fe 1235 (Juev-Vier-Sáb. 20,30 hs - Dom. 19 hs).

Queridos ex alumnos:
Reestrenamos El Niño Argentino.
La larga lista de ex discípulos y las naturales exigencias de sala me impiden invitar a cada uno como hubiera querido. Para quienes se hayan quedado sin verla, quieran reincidir o volver con amigos (tantos como gusten), hemos implementado un sistema de 2x1 (entran dos paga uno), para los días viernes en el horario de 20,30hs. No tienen más que avisarme con unos días de anticipación (por este medio o al tel. de casa: 4854-8597) y quedará a su nombre en boletería la cantidad de entradas que me soliciten bonificadas con dicho plan.
Un saludo afectuoso.

Kartun

martes, 1 de mayo de 2007

MADRES DE LA PLAZA

...el pueblo las abraza.