lunes, 2 de julio de 2007

La correspondencia de Truman Capote

El castigo invisible del propio talento
En “Un placer fugaz” se reúnen las cartas que el gran narrador escribió entre 1936 y 1982, poco antes de su muerte. ¿Cuán fértil deviene la lectura de estos textos, en un autor que basó gran parte de su obra en sus declaraciones públicas? Exhibicionista, verborrágico, chismoso, el desafío sigue siendo seguir las pistas de una “obra completa” que no deja de reproducirse.


Posturas. Generoso en consejos con sus amigos, terminante con quienes alguna vez lo criticaron.

Por Sonia Budassi, para Perfil

Mi vida –como artista, por lo menos– puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos”, escribe Truman Capote en el prefacio de Música para camaleones. El libro, publicado en 1980, marcaba los últimos destellos, un punto epigonal y rotundo en su carrera, algo que no parece vislumbrar el seguro narrador. En la pretendida autoconciencia de la que se jacta el autor, no se descubre el proceso que, desde hacía años, trabajaba su decadencia. Desde que publicó el famosísimo y revolucionario A sangre fría en 1966, su obra se dispersó y sus ambiciones de escribir la “gran obra maestra épica” fracasaron. A cada nuevo intento, le sucedía un abandono del proyecto, la incapacidad de darle fin. La reciente edición de su correspondencia, Un placer fugaz, llega como una secuela posible de la supuesta “capotemanía” a la que dio lugar la taquillera película Capote en 2005, fenómeno que se completó con la aparición de Crucero de verano, una novela inédita que el autor escribió a los diecinueve años. Tiempo antes, se había publicado un nuevo volumen de cuentos inéditos en los Estados Unidos. Esta evanescencia derivó en cierta polémica sobre lo publicable y lo no publicable, sobre el deber de respetar o no el deseo del escritor. Pero ante el hecho consumado, el desafío es seguir las pistas para la lectura de una “obra completa” que no deja de reproducirse.

¿Qué se espera de las cartas privadas de un escritor? En general –de Flaubert a Wilde, o las más recientes del argentino Manuel Puig– genera expectativas análogas a la que despierta un diario íntimo: que el autor exponga reflexiones inteligentes, sensibles; que revele algo oculto de su vida privada; que su prosa nos hable de la época en que vivió, y también de los inaprensibles circuitos que mueven el impulso creativo, su propia literatura, su manera de vivirla y pensarla. Pero, por otro lado, ¿es fértil la lectura de las cartas de un autor que basó gran parte de su obra en la declaración pública y en un anecdotario autobiográfico que incluye una entrevista a sí mismo? Capote nunca evitó expresarse en términos que pudieran producir escándalo. En la mencionada entrevista se califica a sí mismo con una frase clásica, que ya funciona como eslogan de su personalidad: “No soy un santo. Soy un alcohólico. Un drogadicto. Un homosexual. Soy un genio”. Enérgico exhibicionista, verborrágico, chismoso, con una asumida vocación de pertenencia a los círculos de la farándula hollywoodense y al más selecto círculo literario, queda preguntarse: ¿hay alguna porción de intimidad, cierta idea artística que se revelen en su correspondencia?

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domingo, 1 de julio de 2007

MÉXICO : Obrador volvió al Zócalo un año después

Obrador volvió al Zócalo un año después
El candidato derrotado de la izquierda mexicana moviliza a decenas de miles de seguidores
FRANCESC RELEA para El País

"Hemos resistido y creceremos". Andrés Manuel López Obrador, líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y candidato derrotado en las elecciones presidenciales de México del 2 de julio de 2006, volvió ayer a la plaza del Zócalo del Distrito Federal, donde presidió una concentración de decenas de miles de personas para protestar contra lo que califica de fraude electoral. Sin embargo, el ambiente fue menos entusiasta que en las multitudinarias protestas del año pasado. "Un año después podemos decir que la derecha se equivocó", dijo López Obrador. "Aquí estamos decididos a construir un proyecto alternativo de nación". El dirigente izquierdista, que se ha autoproclamado "presidente legítimo", aseguró que hoy muchos más mexicanos saben que hubo trampa en las elecciones presidenciales. "La mafia nos impuso un presidente", añadió.

López Obrador repartió críticas a dirigentes de dentro y fuera de México. Políticos como el ex presidente Vicente Fox, el líder del conservador Partido Acción Nacional (en el Gobierno) Manuel Espino y los españoles José María Aznar y Rodrigo Rato fueron blanco de los ataques del candidato derrotado. Reprochó al ex presidente español y al director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) haber sido los instigadores de la reforma de la Seguridad Social de los empleados públicos que aprobó recientemente el Congreso mexicano, y del proyecto de reforma fiscal que ha presentado el Gobierno de Felipe Calderón, del PAN.

Como líder del PRD, López Obrador pidió a sus diputados "cero negociación" sobre la reforma fiscal e hizo un llamamiento a terminar con los privilegios de la alta burocracia. "No se nos puede olvidar que un magistrado de la Corte Suprema gana 500.000 pesos mensuales" (34.000 euros).

López Obrador estuvo arropado en el Zócalo, corazón político de la capital del Estado, por algunos dirigentes parlamentarios e intelectuales del entorno del PRD. La escritora Elena Poniatowska señaló: "Esta historia no ha terminado de escribirse. Andrés Manuel López Obrador es nuestra esperanza".

LA SALA LEOPOLDO LUGONES DE CELEBRACIÓN

Entre la conservación y el placer de mirar películas
Un espacio que preserva la diversidad del cine
La Sala Lugones del Teatro San Martín celebra sus 40 años

La Sala Lugones, el espacio cinematográfico ubicado en el décimo piso del Teatro San Martín de Buenos Aires, está cumpliendo 40 años de proyecciones y para celebrarlo, en un año particularmente brillante para su programación, la semana pasada llegó a Buenos Aires Bernard Benoliel, director de acción cultural de la Cinemateca Francesa, institución a la que la humanidad (cinéfila) le debe que una parte importante de la historia del cine se encuentre aún entre nosotros y no se haya perdido para siempre.

La Sala Lugones (dependiente de la Cinemateca Argentina) y la Cinémathèque Française (que acaba de cumplir 70 años) son dos espacios con topografía de templos y, tanto en los mitos fundacionales de ambas como en la labor que vienen desarrollando desde hace décadas, sobresalen conceptos como preservación, restauración, supervivencia y hasta pérdida, todas palabras de una gravedad que a priori poco tendría que ver con lo que pasa en el cine una vez que se apagan las luces: la Sala Lugones, por hablar de lo que tenemos más a mano, es un espacio de vitalidad, gozo y descubrimiento para cinéfilos de todo octanaje.

Luciano Monteagudo, crítico y programador, responsable en gran parte de sostener el altísimo nivel de programación de la sala porteña, resume esa aparente contradicción y revela que los logros de la sala tienen que ver tanto con la gestión pura (no es nada fácil hacer equilibrio sobre el magro presupuesto que la Lugones recibe) como con el placer puro.

"Es un orgullo poder decir que la Lugones pone a disposición del espectador de Buenos Aires un cine al que de otra manera sería muy difícil acceder. En las salas de estrenos se percibe una especie de homogeneidad tiránica, que incluye a Hollywood, pero también a cierto cine europeo de fórmula y muy previsible. Desde los festivales o las cinematecas, por el contrario, es posible comprobar que el cine tiene una riqueza y una capacidad de inventar formas que va mucho más allá de lo que uno está acostumbrado a ver."

En ese sentido, la programación de la sala cumple con los requisitos de bucear en la historia del cine e iluminar obras contemporáneas que no tienen la más mínima cabida en la cartelera comercial.

Una mirada rápida a lo que se verá en breve en la Lugones lo deja bien claro: en julio, un "Encuentro con el cine australiano", con 18 films inéditos en la Argentina; luego, en agosto, habrá un homenaje a Marcello Mastroiani, más el desembarco en Buenos Aires de las películas del festival Human Rights Watch y un ciclo presentado por la revista francesa Cahiers du Cinéma, mientras que para septiembre se prevé una retrospectiva dedicada al gran director finlandés Aki Kaurismäki, quien estará en Buenos Aires para presentar las películas.

La preocupación y el disfrute

Benoliel suma su voz a esta moneda de dos caras en la que la preservación del patrimonio tiene que ver con luchas y preocupaciones, mientras que la difusión de un cine distinto está relacionada con el placer.

"Uno de los desafíos del cine es conservar esa dimensión de ser completa y totalmente un arte popular -dice-. Creo que es el único arte que lo es. Cuando ya no sea tal, cuando sea un objeto de museo, se va a cerrar un ciclo de vida y va a comenzar otro. El cine podrá desaparecer algún día, pero eso no va a pasar por el salto de la proyección en 35 milímetros al formato digital. El cine va a desaparecer el día en que no exista más el ritual de juntarse para ir a ver a una sala una misma imagen."

La Cinemateca Francesa nació hace 70 años merced al empuje de Henri Langlois, quien, muy joven, vio de qué modo el cine sonoro amenazaba con olvidar al cine mudo hasta el punto de barrerlo, simbólica y literalmente, debajo de la alfombra. Se podría decir que, mirando al pasado e intentando preservar sus tesoros, Langlois inventó un futuro para el cine. ¿La historia sería la misma si no hubiese existido Langlois y si las cinematecas no hubieran adoptado esa forma que él patentó?

Responde Benoliel: "Sin Langlois tendríamos una versión más incompleta aún de la historia. Martin Scorsese dice que el 80% de la producción norteamericana de cine mudo ha desaparecido para siempre. En el cine francés, la proporción sería mucho mayor de lo que es hoy sí los fundadores de la Cinemateca no hubiesen trabajado con la pasión con que trabajaron. No se escribiría la historia de la misma manera porque no existirían los medios para hacerlo. Porque, se sabe, la historia del cine es la historia de lo que se puede ver".

Por Marcelo Panozzo para LA NACION

Encuentro iberoamericano en Bogotá

Reclamos de la industria del libro
Editores de la región piden políticas públicas para el sector

La Nación

BOGOTA (EFE).- En el contexto iberoamericano, una industria editorial potente no sólo proporciona beneficios económicos, sino que puede funcionar como un impulso poderoso para reducir la brecha educativa y los desequilibrios sociales. Para eso, se necesitan políticas continentales que, por ejemplo, favorezcan la circulación de libros entre las fronteras.

Esa fue la conclusión central a la que llegó la II Acta Internacional de la Lengua Española, que reunió en Bogotá la semana pasada a editores y organismos vinculados con los derechos de autor de América latina y España, organizado por el Ministerio de Cultura de ese país. En el encuentro, se reclamó mayor atención al ámbito editorial, en sus aspectos culturales y económicos. Los editores advirtieron sobre deficiencias estructurales en esa industria y una relación complicada con los Estados. El sector editorial de Iberoamérica incluye 13.000 agentes editores que producen unas 127.000 novedades anuales y mantienen presentes 350.000 títulos.

Los derechos de autor, las nuevas tecnologías, la situación comercial y arancelaria, y las políticas públicas de apoyo al libro y lucha contra la piratería fueron los temas tratados.

La preocupación por el intervencionismo estatal en la política editorial fue uno de los asuntos centrales. El editor argentino Alejandro Katz apuntó a la creciente presencia de los estados como editores y las erráticas y poco transparentes políticas de compras públicas.

Se presentaron, sin embargo, casos dispares. En México, el Estado editor elabora masivamente textos escolares y, según se dijo, constriñe a la industria editorial. En Brasil, el sector editorial es muy potente, con una producción de 306 millones de libros en 2005. El Estado brasileño es el primer cliente, y adquiere el 40% de la producción.

TODOROV vs. SARKOZY

polémicas
El ministerio del miedo



Por Tzvetan Todorov en Radar


En su novela 1984, Orwell describe una serie de ministerios que funcionan en el que fuera el país totalitario, Oceanía: el ministerio de la verdad, el de la paz, del amor, de la abundancia. Nicolas Sarkozy, candidato electo a la presidencia de la república, agrandó esta lista al prometer crear, en caso de ser elegido, “un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional”. Orwell indica que los nuevos ministerios sean designados en “neolengua” con abreviaturas: Miniver, Miniamor, y así sucesivamente; es a esta categoría a la que pertenecería el nuevo Minident.

¿Por qué juzgamos indeseables los ministerios imaginados por Orwell? No es porque estemos en contra de la verdad o del amor. Por el contrario, pensamos que estas grandes categorías no necesitan de la acción gubernamental. Hay que dejar a los científicos y a los periodistas la libre búsqueda de la verdad; hay que dejar que cada individuo se ocupe de sus asuntos amorosos. Ni el gobierno ni el Parlamento deben inmiscuirse. Es por ello que nuestra democracia es liberal: el Estado no controla totalmente a la sociedad civil, dentro de ciertos límites cada individuo permanece libre.

También con respecto a la identidad nacional: no es por casualidad que a la fecha ninguna democracia liberal haya confiado su protección a un ministerio. ¿Qué entendemos por “identidad nacional”? Debemos tener presente que no por excepción, sino en todas partes y siempre, se trata de una identidad mutante, en constante evolución. Sólo las naciones muertas han adquirido una identidad inmutable. La sociedad francesa del 2007 tiene muy pocos rasgos en común con la de 1907, y mucho menos con la de 1707. Si la identidad no hubiera cambiado, Francia no hubiese sido cristiana primero y laica después.

La identidad evoluciona, primero porque los intereses de los grupos que la componen no coinciden entre ellos, y a su vez esos intereses forman jerarquías inestables. Por ejemplo, la concesión del derecho a voto a las mujeres en 1944 les permitió participar activamente en la vida pública del país: la identidad nacional se transformó. Del mismo modo que veintitrés años más tarde, las mujeres conquistaron el derecho a la contracepción: ello produjo una nueva mutación de la identidad nacional.

Esto evoluciona también en razón del contacto con otras culturas: la americanización de las costumbres, la europeización de las instituciones, como así también, en nuestros días, la presencia de minorías significativas oriundas del Magreb, del Africa negra, de Europa del Este o de otros lados. Las migraciones tampoco tienen nada de excepcional, ya que se sabe que uno de cada cuatro franceses cuenta con un padre o un abuelo inmigrante.

Entonces, al proponer el candidato presidencial un ministerio que trate en conjunto la identidad nacional y la inmigración, sugiere una idea negativa y opuesta de ambos: debemos proteger la identidad francesa de la inmigración. Al hacerlo olvida que dicha identidad, como la de todas las grandes naciones, es el producto del encuentro entre los pueblos, desde los galos, los francos y los romanos hasta nuestros días. El impacto que esos encuentros tienen sobre la identidad francesa es la prueba que ésta sigue viva.

¿Qué es el ser francés? El candidato explica: “Francia no es una raza, tampoco una etnia”, en eso tiene razón. Prosigue: “Francia es todos los hombres que la aman, que están listos para defender sus ideales, sus valores... Ser francés es hablar y escribir en francés”.

He aquí dos enunciados opuestos: hay muchos nofranceses, fuera de Francia, que aman este país, que hablan y escriben su lengua; recíprocamente un cierto número de franceses, lo sabemos, son analfabetos; eso no les impide ser buenos franceses.

Pero sobre todo, el amor no tiene nada que ver acá (nada de ministerio del amor): la ciudadanía no se define por los sentimientos, sólo los Estados totalitarios imponen el amor a la patria como obligatorio.

Y el candidato prosigue: “La identidad francesa es un conjunto de valores no negociables”, citando a título de ejemplo: “El laicismo, la igualdad hombremujer, la República y la democracia”. Estos valores son importantes y uno debe efectivamente defenderlos. ¿Pero son específicamente franceses? Democracia y República son reivindicados más allá de las fronteras hexagonales, igualdad y laicismo forman parte de la definición de estos regímenes políticos.

En verdad, esos valores no pertenecen a la identidad francesa sino al pacto republicano al cual se someten los ciudadanos y residentes del país.

No es por ser contraria a la identidad francesa que el sometimiento de las mujeres es condenable. Lo es porque transgrede las leyes o los principios constitucionales en vigencia. La identidad nacional, en sí misma, escapa a las leyes, se construye y se destruye cotidianamente por la acción de millones de individuos que habitan este país, Francia.

CARLOS FUENTES

Algo sobre la muerte de Artemio Cruz

Por Héctor Aguilar Camín para Radar

Como muchos otros mexicanos de mi generación, yo empecé a leer a Fuentes a principios de los años ’60 con un fervor adolescente, iniciático. Quizá no exagere si hablo en plural y digo que nos deslumbraba de Fuentes no sólo la audacia pirotécnica y feliz de su prosa sino también el personaje imantado que emitía aquellas luces y gritaba a los cuatro vientos: “Soy escritor y no hay nada mejor en la vida que serlo”. Antes que ningún otro en México, antes que Octavio Paz o Juan Rulfo, Alfonso Reyes o José Revueltas, Carlos Fuentes fue la encarnación genuina de un escritor profesional en el doble sentido del término: su único trabajo era escribir y no requería sino de sus escritos y de su condición de escritor para sobrevivir. En realidad, para vivir sobrado: mejor y más libremente que sus parias pares.

Los escritores mexicanos de entonces combinaban todo tipo de oficios subsidiarios y escribían todo tipo de textos alimentarios y artículos de primera necesidad, como bautizó Luis Cardoza y Aragón a todo lo que se escribe para comer antes que para honrar la vocación. Se enganchaban a la ilusión de holganza del oficio diplomático, fatigaban las redacciones de los periódicos, cumplían asesorías gramaticales en altas y bajas esferas políticas o marchitaban el escritorio en sucesivas redes burocráticas y escolares, náufragos todos de un medio cultural raquítico, donde había tantos autores como lectores y donde agotar ediciones de 2 mil ejemplares en cuatro años podía celebrarse como una hazaña de ventas y de aceptación del público.

Durante la década del ’60, de La muerte de Artemio Cruz a Cambio de piel, pasando por Cantar de ciegos, Cumpleaños, la crónica del Mayo francés y La nueva novela hispanoamericana, Carlos Fuentes fue para mí el escritor por excelencia, una vocación asumida cuyo ejercicio indeclinable había sido premiado con el éxito. Algo más, y más preciado también: Fuentes era en esos años uno de los pocos escritores mexicanos en verdad independiente de las sujeciones económicas y mentales de su medio. Desafiaba nuestro provincianismo con una solvencia cosmopolita y una flagrancia sardónica que irritaban tanto como atraían, porque daban rienda suelta a uno de los artistas menos reconocidos de los muchos que confluyen en Fuentes: el caricaturista feroz, dipsómano del kitsch y el esperpento.

A principios de los ’80, instigado por el cineasta Paul Leduc, hurgué por primera vez con ojo profesional en un texto literario de Carlos Fuentes. Leduc se empeñó en llevar al cine La cabeza de la hidra, una novela de apariencia realista, con todos los elementos del cine negro, ubicada en el México petrolero. Leduc me pidió que lo ayudara en la escritura del guión, y yo acepté. Sobre el resultado de esta aventura conviene guardar un piadoso silencio. Baste decir que nos proponíamos una tarea imposible: convertir en un thriller tipo El halcón maltés lo que en realidad era un risueño juguete literario, reacio al realismo pese a su apariencia policial, construido por dentro mediante locos juegos de espejos, citas cultas, alusiones y parodias, más que por los rigores convencionales de una novela del género negro. Desarmando aquella caja de convenciones literarias, alusiones y enigmas autorreferenciales, entendí hasta qué punto la obra de Fuentes, aun la más inocente y fácil en apariencia, es un palimpsesto de símbolos, significados y discursos dispares, cruzados por la libertad inusitada de un escritor que experimenta y juega sin parar: una cabeza bullente, henchida por igual del mundo y de las letras, de la historia y de la literatura, lo mismo que del comic, el cine, la moda, la música popular y, en general, el vasto utillaje de la sociedad de consumo. Conviven en su obra Balzac y Joyce, Nefertiti y Jean Harlow, Francisco de Goya y Dick Tracy, Benito Juárez y Tongolele.

Empecé entonces, a través de nuestro fallido guión, a recuperar a Fuentes. En parte por que él también readquirió una dimensión humana con las novelas que siguieron a la infinita Terra nostra. En primer lugar, Una familia lejana, novela habitable, elegante, suave; en segundo lugar, sobre todo, Cristóbal Nonato, su nueva suma esperpéntica, violenta y divertida como un largo comic negro, desmesurado y gozoso en medio de su tranco apocalíptico. Luego, en una feliz sucesión, vinieron Gringo viejo, cuya anécdota central no podía ser más inspirada y literaria: Ambrose Bierce decide suicidarse yéndose al México revolucionario a ser simplemente lo que es, un gringo viejo (“Ah, eso es eutanasia”); la excelente colección de Constancia y otras novelas para vírgenes, que recoge algunas de las mejores cosas que ha escrito Fuentes, y la extraordinaria novela histórica La campaña, que confirmó para mí el regreso de Fuentes al llano arte de narrar, o por lo menos al arte de cautivar a sus lectores con el vigor narrativo de una obra que se expande en todas direcciones.

Refiero mi experiencia personal como lector de Fuentes porque creo que algo de eso, y mucho más, le pasó a toda una generación de lectores de Fuentes en México, a través de las últimas décadas. Primero, deslumbramiento por el escritor y fascinación por el personaje; luego distanciamiento por la dificultad mayor de obras como Terra nostra, y a partir de los años ’80 y ’90, un reencuentro que se antoja definitivo. Faltaría en ese itinerario sólo una estación paralela que no ha dejado de acompañar a Fuentes en su país, eso que un joven crítico llamó la querella familiar de la cultura mexicana con Carlos Fuentes y que no es en realidad sino el reverso díscolo de su éxito.

Si la envidia es tristeza del bien ajeno, ¿cómo llamar a la rabieta por el bien ajeno? Esa es la pasión mexicana que ha acompañado a Fuentes desde 1958, en que publicó La región más transparente y que ha llegado a reprocharle sucesivamente que se vistiera bien, que hablara inglés, que no escribiera como Juan Rulfo, que no militara políticamente como José Revueltas, que fuera un promotor tan descarado de la novela latinoamericana, que sólo recibiera buenas críticas en el extranjero y ninguna en México, que le hubiera dedicado un libro a Shirley MacLaine, que exhibiera su desprecio por México al no vivir ahí, que no fuera suficientemente mexicano por haber nacido en Panamá y estudiado de niño en Estados Unidos.

La muerte de Artemio Cruz fue una de las novelas que, al menos en México, ayudó a construir el lugar común de que los novelistas eran nuestros mejores historiadores, que nuestras obras de ficción daban cuenta más cabalmente de nuestra realidad que los estudios antropológicos y sociológicos. Por unos años mágicos, las novelas latinoamericanas fueron el lugar de nuestras pasiones y revelaciones públicas, la verdadera historia privada de nuestras naciones, como quería Balzac, y el trazo implícito de nuestro porvenir deseable. Nuestros novelistas fueron también hombres públicos, críticos de la vida política, surtidores de utopías y deseos de cambio colectivo, fustigadores de lo establecido y hasta faros de la Revolución, con mayúsculas.

Vistas las cosas retrospectivamente, parece claro que muy pocas novelas del boom llenaron el molde de tan ambicioso lugar común y fueron a un tiempo grandes novelas, revelación histórica, surtidor utópico, crítica pública y anticipo del cambio deseable. La muerte de Artemio Cruz fue una de ellas. Cayó como una bocanada de aire fresco y rebeldía moral en la atmósfera pacata, triunfalista y autocomplaciente del milagro mexicano, aquellos años de crecimiento económico, estabilidad política y buena conciencia del México post-revolucionario de los ’50 y los ’60. Era un México nacionalista y provinciano que no quería oír de sus carencias sino de sus logros, y que se celebraba a sí mismo como el fruto de una revolución institucional que había encontrado la fórmula de eternizarse en los aciertos.

La muerte de Artemio Cruz fue, muy estricta y provocativamente, la anatomía de la tumba de aquella Revolución mexicana, celebrada oficialmente como el origen y el presente de la grandeza nacional. Desde fines de los años ’40, una ilustre minoría de historiadores y ensayistas había decretado en distintos tonos la muerte, el fin o la crisis definitiva de la Revolución mexicana. Aludían con ello, por un lado, al exceso de retórica en torno de su supervivencia, treinta o cuarenta años después de iniciada; por otro lado, se referían al evidente fracaso de los regímenes post-revolucionarios justamente en aquellas cosas que se pregonaban como esencia de la Revolución, a saber: democracia y justicia social. Si de la democracia mexicana de los ’90 hay que hablar haciendo tantas salvedades, que más valiera a veces otro piadoso silencio, de la democracia mexicana de los años ’40 y ’50, sólo podía hablarse en clave soviética, es decir, entendiendo que la palabra democracia quería decir unanimidad, del mismo modo que la palabra federación quería decir centralismo. Por lo que hace a la justicia social, lo único socialmente evidente en aquellos años de prosperidad de la posguerra era la pobreza reiterada de la mayor parte de los mexicanos junto a la irritante aparición de una oleada de nuevos ricos urbanos, casta imitativa y ostentosa que nacía de las oportunidades económicas de un país que iniciaba su industrialización bajo los signos del proteccionismo industrial y la sustitución de importaciones, conceptos que en muchos casos fueron simples sinónimos de prebendas gubernamentales, corrupción y hombres de paja.

La muerte de Artemio Cruz fue un momento culminante de los sanos impulsos funerarios de la cultura mexicana en torno del gran fetiche llamado Revolución mexicana. No sólo fue una lección de historia en el sentido de volver a leer sin velos ni complacencias momentos decisivos de la vida pública de México en el siglo XX sino que fue también, como toda mirada nueva y apasionada, un rasgamiento de las convenciones establecidas. Fue, también, una lección moral: la decisión de no callarse lo que, al fin de cuentas, todo el mundo sabía. Es decir, que la Revolución tenía una historia callada, tan larga y penosa como la de Artemio Cruz; que los próceres revolucionarios se habían matado entre ellos, que a menudo habían mostrado más compromiso con sus bolsillos que con sus ideales, y que tampoco había habido demasiado ideales. La muerte de Artemio Cruz fue una novela de extraordinario poder evocador y simbólico que mezcló todos estos líquidos en un solo brebaje propiciatorio.

No hace falta insistir demasiado en los distintos niveles de significación de La muerte de Artemio Cruz. El personaje central es, antes que nada, de carne y hueso, con una historia personal única, intransferible e irrepetible que la novela nos entrega balzacianamente, en todas las dimensiones y en sus más precisos detalles: orígenes y amores, triunfos y derrotas, historia pública e historia privada, traiciones, miedos, dolores, remordimientos y negocios. Pero, a continuación, Artemio Cruz es también un símbolo, un prototipo por donde circula el retrato de una sociedad y una historia específicas, el drama de un trayecto nacional. Finalmente, Artemio Cruz es también una encarnación mítica de la pulsión fundamental del destino humano, la dialéctica trágica de vivir para morir, la pulsión eterna de sobrevivir enfrentada a la eterna verdad de la muerte. La combinación única de estas significaciones es lo que otorga a la novela su peculiar índole catártica: golpea en todos los órdenes al lector hasta persuadirlo de que acude por partes iguales a la escenificación de un drama, de un rito y de una revelación.

La muerte de Artemio Cruz fue un resumen, pero también una anticipación. Anticipó los impulsos que se fermentaban en la nueva sociedad mexicana y que habrían de explotar en la rebelión juvenil de 1968. Esta conexión subterránea puede atribuirse en parte a que la perspectiva de la novela es radicalmente juvenil. No sólo por la edad del novelista, que la escribió a los 32 años, sino sobre todo por su vocación de derogar el mundo realmente existente. Entre el sueño y la realidad, Fuentes optaba por la realización posible del sueño y apostaba a la autenticidad y el amor por sobre el pragmatismo y el poder.

Durante los años ’60, todos esos impulsos juveniles, entendido que la juventud es la nación de la inconformidad y la utopía, se condensaban mejor que en ningún sitio en el mayor de los mitos modernos fracasados: el mito de la Revolución, el mito de un nuevo inicio virtuoso de la vida social capaz de poner fin a la miseria de la historia. La puesta en práctica del mito parece haber traído a la historia una dosis de miseria tan grande como la que pensaba evitar, por lo menos. La agonía de Artemio Cruz puede leerse también como un comentario desgarrador de la deficiente encarnación del mito revolucionario, de su petrificación en los anales de la corrupción y como un llamado incendiario a clausurar esa herencia, a enterrar esa historia saturada de gases y de mierda, como el cuerpo decrépito del propio Cruz, por efecto de su infarto mesentérico.

En la imaginación juvenil de México maduraba entonces un rechazo de intensidad semejante al de Fuentes, y aun más fuerte. Me recuerdo, a principios de los ’60, discutiendo con un amigo que Fuentes, según yo, había hecho una concesión inaceptable a la vida de Artemio Cruz regalándole la historia de Regina, un amor de verdad, aunque iniciado con una violación, en la dura biografía de frialdades y traiciones de aquel despojo revolucionario.

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CIUDAD E INMIGRACIÓN : CIUDADES MULTICULTURALES

Del 2 al 7 de julio
1º Seminario interdisciplinario Ciudad e Inmigración

La Coordinación del Plan Estratégico conjuntamente con la FADU –Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires-, el CEMLA -Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos-, el Departamento de Migraciones del Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires y organizaciones miembros del Consejo de Planeamiento Estratégico –CoPE- realizarán del 2 al 7 de julio el 1° Seminario Interdisciplinario “Ciudad e inmigración”. El encuentro, que está organizado en el marco del Planeamiento Estratégico de Ciudades Multiculturales, se llevará a cabo en la Manzana de las Luces, Perú 222.El programa constará de la presentación, en la Sala de Exposiciones de la Manzana de Las Luces del 2 al 7 de julio, de una muestra de trabajos, infografías y posters, además de dos jornadas de ponencias y talleres que se desarrollarán en la Sala de Representantes el 5 y 6 de julio. La participación es gratuita y abierta al público en general. Aquellos interesados en asistir, pueden confirmar su asistencia llamando al 4342-8556, int. 107/108, o por correo electrónico a infoplanestrategico@buenosaires.gov.ar

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JUÁREZ: AMENAZAS E INTIMIDACIONES A FAMILIARES Y ABOGADOS

URGENTE: por familiares y abogados de víctimas del femicidio
posteado por Robles en jun 26, 2007 [23:35]
Compañer@s:

Les pido su apoyo y solidaridad para que se sumen a esta acción urgente, en los últimos días, integrantes de las organizaciones Nuestras Hijas de Regreso a Casa y la Asociación Nacional de Abogados Democráticos han recibido una serie de amenazas e intimidaciones.Estos mensajes, son coincidentes con algunas acciones que se han llevado a cabo en Ciudad Juárez, recientemente se han presentado denuncias contra 25 funcionarios y ex funcionarios; asimismo, después de un intenso trabajo jurídico a nivel internacional, actualmente se discute en la Comisión Interamericana la posibilidad de presentar el primer caso del feminicidio en el municipio de Juárez ante la Corte Interamericana.Por lo anterior, les solicitamos manden cartas y correos electrónicos a las direcciones que vienen señaladas la acción.Gracias, un abrazo.

POR LA LIBERTAD DE PRENSA EN CHINA


INICIATIVA DE REPORTEROS SIN FRONTERAS
Campaña a favor de la libertad de expresión en China ante los Juegos Olímpicos de 2008


EUROPA PRESS
MADRID.-
Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha puesto en marcha la nueva campaña internacional 'Pekín 2008', con la que pretende "denunciar el cinismo de las autoridades chinas, que se niegan a poner en libertad al centenar de periodistas detenidos en el país", y a mejorar la libertad de expresión.

La asociación lamenta que, cuando faltan 13 meses para el inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín, el gobierno chino "no ha respetado sus compromisos de mejorar la situación de los derechos humanos".

En vísperas de la Asamblea del Comité Olímpico Internacional (COI), que tendrá lugar en Guatemala del 4 al 7 de julio, la organización ha dirigido una carta a Jacques Rogge, presidente del COI. Asimismo, critican que el Gobierno chino "se niegue a actuar para garantizar la libertad de expresión y respetar los valores humanistas, contenidos en la Carta Olímpica".

"El Partido Comunista Chino, concede la mayor importancia al éxito de los Juegos Olímpicos para su propio beneficio, pero sin ningún respeto por la palabra dada", señala la organización en una carta dirigida a las autoridades chinas, a las que recuerdan que "no es demasiado tarde para conseguir la puesta en libertad de los presos de opinión, la reforma de leyes represivas o el fin de la censura".

"Ha llegado el momento de que el COI, a través de su voz, hable claramente de los problemas. Sus peticiones serán escuchadas y el movimiento olímpico saldrá engrandecido", aseguran.


ESTA SEMANA EN EL CARAS Y CARETAS...

CINE
DOMINGO 1º DE JULIO

16:00HS

Bar "El Chino"
(2003)

Dirección: Daniel Burak
Guión: Daniel Burak, Mario Lion y Beatriz Pustilnik

Un país en crisis.Una historia de amor.Un lugar único.Es hora de retomar los sueños.



ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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DOMINGOS FILOSÓFICOS
18:00 HS
INVITADO: RICARDO FORSTER
Coordina: Ana Jusid

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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LUNES 2 DE JULIO
19 HS
10ª Edición de los Premios Octubre (2006)

Presentación de los libros:
SI NADA PERMANECE”, de Pablo Dema
“LA NUEVA CONDICIÓN JOVEN: EDUCACIÓN, DESIGUALDAD Y EMPLEO", de Ana Miranda

Presentan: Lic. Catalina Pantuso, Dr. Enrique Miguens, Dr. Eduardo Romano, Víctor Santa María.

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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MARTES 3 DE JULIO
19:30 HS

LA CONVERSACIÓN
CICLO DE REPORTAJES
Invitado: RODOLFO MEDEROS
Coordina: Luisa Valmaggia

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

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TEATRO
VIERNES Y SÁBADOS
21HS

MIENTRAS COMO CHOCOLATE

Autora: Ana Jusid
Actúa: Silvia Villazur
Dirección: Elida Martínez

ENTRADA GENERAL $10


Centro Cultural Caras y Caretas
Venezuela 370/330
Reservas telefónicamente al 5354-6618 martes a viernes de 14 a 19hs
o vía mail: centrocultural@carasycaretas.org.ar
Las localidades se reservan hasta 15 minutos antes de la hora de comienzo del espectáculo SIN EXCEPCIÓN.
No se reservan localidades para actividades de entrada libre y gratuita
www.carasycaretas.org


SE AGRADECE SU DIFUSIÓN